Variaciones poéticas del sí mismo

PREÁMBULO

He navegado con Netszche. o Zaratustra en aguas muy profundas y turbulentas, que me han arrastrado hasta las cuevas más ocultas del espíritu del hombre, amenazada por el sólo hecho de ser mujer y, demasiado vieja para correr aventuras de cualquier especie, con peligro de ahogarme, de no poder flotar por encima de mi misma, con tanto peso… el de toda la humanidad e inhumanidad que se esconde tras las palabras de Nietzsche. Pero aquí estoy, he salido a flote y sobrevivido a la experiencia calcinadora del ancestro y del hombre moderno, ya sea filósofo o dirigente de naciones, bancos o empresas que nos traumatizan en esta época critica de ahora… Nietzsche o Zaratustra, sabe muy bien, cómo y porqué hemos llegado hasta aquí. Todo está en sus libros diseccionadores de todos nosotros, de los que nos precedieron y, quizás de los que nos sucederán… Nietzsche, estudió cada uno de los componentes que significa ser humano e inhumano… La  cara y la cruz de la misma moneda, sombra o luz de la vida y de todo ser viviente y sintiente de la tierra…Y por último he llamado en mi auxilio a Walt Whitman, el gran poeta de la vida y del sol naciente… El gran argonauta de todos los tiempos… viene desde la tierra virgen de América, donde los indios Mayas, aztecas cheyennes, etc…adoraban al sol y a la tierra que son en realidad los verdaderos padres de la humanidad en todas sus manifestaciones. Y a través de él, he vuelto a sentir la calidez de un ser humano auténtico, capaz de transmutar la más tosca piedra en oro y conducirnos, con sus palabras esperanzadoras, a la verdad sencilla de las cosas tal y como son realmente, sin aforismos, ni especulaciones, en la inmensa capacidad de comprenderlas y amarlas, sintiendo que todos nosotros somos parte de ellas y de su glorioso canto a si mismo…Por eso termino con Walt Whitman  al que no le hace falta sentirse un superhombre… Él es sólo un hombre auténtico, un poeta que le cantó a la vida y se encontró a si mismo en todos y, en cada uno de nosotros… sin rechazar a nadie ¿Tal vez el auténtico… SUPERHUMANO? Y por Nietzsche y Whitman. he escrito este libro dedicado a ellos y, a todos los que pueda llegar…

PRIMERA PARTE

sobre Nietzsche o Zaratustra

AXIOMA

La verdad es que no se sabe
nada de verdad… sólo por
apariencias y suposiciones.

I

ENUNCIADO

Ya sólo la palabra
nos convoca, la luz, el aire,
el leve resplandor del atardecer,
quizás la sombra, la costumbre
de irnos muriendo poco a poco,
el lento devenir de las pisadas
que dejamos al borde del camino.
Todo es la costumbre de seguir
andando, de seguir muriéndonos
al vivir, de tan sólo vivir
o, solamente amar, cuando
el amor aún nos es posible,
transcendiendo el momento
que vivimos, eternizándolo,
al describirlo cantando
una vez más…

II

TREMENDO resplandor,
nube de humo o de ceniza,
calcinadora luz que
nos transciende en polvo,
que nos muestra la solitud,
la angustia de ser o no,
capaz de superar el miedo
a la verdad desnuda
de nosotros mismos.

III

COMO GOTAS de agua
en el mar, como tormenta
de arena en el desierto,
las palabras van calando arroyos
entre dunas, circundando montañas,
levitando sobre los abismos,
hasta alcanzar la libertad
del vuelo, como pájaros cautivos
realizando su anhelo de libertad,
amigas de la sombra y de la luz
sobre la tierra, capaz de aceptar
el milagro de la vida y la muerte
sin cadenas, hermanas gemelas
en la eternidad….

IV

HE ENCONTRADO
la grandeza y, al mismo
tiempo, la pequeñez del ser
humano, incluso del no ser,
si no un mero recipiente
de todo lo creado e increado,
capaz de construir un nuevo
mundo, pero también capaz
de destruirlo. Bien y mal,
ambas caras de Dios y
del ser humano, que ha logrado
la magistral consciencia
del Logos, en sus múltiples
e infinitas manifestaciones.

V

CANTAMOS, olvidamos,
apenas somos una mota de polvo
que discurre entre los dedos
del tiempo, alejándose
de nosotros, contándonos
las penas y alegrías consecuentes,
dejándonos caer en el vacío
de las palabras, ecos
de lo que fue, de lo que es o será,
quizás ese futuro, insoslayable,
que a todos nos concierne.
Verdades o mentiras…¿Qué más
puede esperar el ser humano.?
Nadie es dueño de la verdad,
nada nos pertenece por entero
y, todos hemos de morir,
siempre solos, patéticos,
desnudos, como nacimos
a la vida, hasta el encuentro
entre ayer y mañana
con el desconocido hoy,
que vivimos cada día.

VI

LA VERDAD, quizá esté
en el pliego del alma…
por eso la busco inútilmente
en los caminos del aire y del sol,
en las profundísimas aguas
de los mares, en las páginas
de los libros, antiguos o actuales.
Por eso resulta que no encuentro
la verdad en ningún sitio visible,
se me pierde en montañas
de palabras, en la intangible
forma de ese gran desconocido
espíritu que el alma contiene,
como chispa divina impreso
en ella, imposible de fotocopiar
en ordenadores modernos,
ni en ningún libro.

VII

LA CARENCIA y la abundancia,
la sed abrasadora que nos persigue
o, por el contrario, morir ahogándonos
con las palabras, estrangulados
por ellas, como serpientes trepando
y apretándonos hasta quedar
libres al fin, tan etéreos y ligeros
como el viento, pero sin aire,
en el vacío más inmenso,
más desolador y, entonces
nacer o no, ser o no ser,
la transmutación, la pureza
virtual de un mundo nuevo
o, simplemente la nada,
si es que la nada existe,
más allá de la belleza o fealdad
del mundo, ante el misterio
de lo desconocido…

VIII

Y SIGUE LA LUCHA, encarnizada
del bien y del mal, de la luz
y de la oscuridad, de la vida
y la muerte en la rueda imparable
del tiempo y, el espacio infinito,
en las palabras de todos los sabios
y profetas que han intentado
guiarnos o confundirnos, salvarnos
o condenarnos, en su incapacidad
para salvaguardar al mundo
de su propia materialidad…
Y entonces uno piensa
si en realidad es su término
lo que interesa y, el querer
liberarnos del cielo o del infierno
de este mundo, tratando
de encontrar la piedra filosofal…

IX

DESDE MUY NIÑA
he sentido la sed
que no encuentra en el mundo
su medida, esa sed que en el
desierto de los hombres
halla sólo el oasis de las dudas,
de las mentidas imágenes,
espejismos demoledores…
Zaratustra o Nietzsche no son
diferentes, sólo que quitándose
la máscara… así, tan desnudos,
tan crueles y sinceros,
he descubierto en ellos al fin,
que en sus pensamientos,
ataques y menosprecios,
hay una sólo cerrazón,
el miedo, sólo el miedo
porque quizás las mujeres
seamos las más fuertes.

X

Y HABLANDO con Nietzsche
he ido desmadejando, soltando
y contestando todas las preguntas
que desde la niñez me persiguieron,
penetrando en la oscuridad
de las dudas, sin temor ante la luz
demoledora de sus libros,
porque hasta ahora, como sucede
con la luz del sol, hemos tenido ante
nosotros la protectora atmósfera
que nos ha impedido ver
su desnudez mortal, bajo los
falsos cortinajes en los que
se esconden los hombres,
para protegerse, quizás del
verdadero y desconocido Dios.

XI

A VECES SIENTO, leyéndote
la necesidad de tomar aire,
de hacer una pausa para recuperar
el equilibrio, porque las verdades
en que nos apoyamos, se oscurecen,
se desmoronan, golpeándonos,
dejándonos indefensos, ante
la realidad de tus palabras,
porque tú la describes,
la desnudas, la sientes
en cada partícula de tu ser,
negándote, escondiéndote,
mintiéndote a ti mismo,
por miedo al fantasma
que te persigue… él de
tu propia humanidad,
ineludible, la que nos
muestras en tus libros
tan reveladora…

XII

NO BUSCA Nietzsche,
la justicia en el mundo,
sabe que no existe, porque
los dioses creados por los hombres
también son injustos como ellos,
favoreciendo a los más poderosos,
olvidando a los más débiles…
Y, así, va el mundo, engordando
a los tiranos que lo manejan
y, eliminando a los más inocentes,
sean niños, mujeres o, viejos.
Porque sobran, si no les sirven
de provecho a los hombres.

XIII

TODOS cometemos errores,
Nietzsche también y los exhibe,
no los oculta, ni los niega,
los presenta ante los demás
para que lo juzguen o persigan,
para que le imiten o le nieguen…
Éste quizás sea su verdadero
valor… Ésta, quizás sea
la virtud extraordinaria
de cualquier hombre o,
el principio del ser humano
auténtico… del Superhombre.

XIV

Y EN LA CRÍTICA más ácida,
Nietzxche, se va despojando
de sombras, de falsos brillos,
dejando al poeta desnudo
ante sí mismo, por eso
le pone a Zaratustra su ropa,
su nombre, sus harapos,
sus pensamientos…
escondiéndose tras él
de los dioses creados
e, increados del mundo
de ayer, de mañana
o, del futuro…

XV

MÁS ALLÁ del bien
y del mal… En ésta y en otras
cosas estoy de acuerdo contigo,
querido y admirado Nietzsche,
pues realmente, el Supremo
Artífice de todo lo creado
tiene, por lógica y naturaleza
única, que estar situado
a una altura en que, ni el bien,
ni el mal, puedan alcanzarle,
ni siquiera importarle,
donde ni el tiempo, ni el peso
de la materia cuentan…
Quizás recién nacidos a la luz,
como de niños a la vida,
podamos comprender algún día,
esa infinita e ignorada dimensión
en la que habita el denominado
Dios, Alá o el Tao… en el que
los hombres cifran
la creación del mundo.

XVI

Y ASÍ, de pronto, me arrastras
rasgando como un rayo
la débil opacidad de las palabras,
negando o afirmando su claridad
extrema… Un cúmulo estancado
atraviesa las nubes, devorando
el silencio, porque el silencio
a veces acrecienta las dudas,
esas oscuras dudas de gritos
contenidos, que proclaman
el vértigo de la gran mascarada
de la vida… Y al final la tormenta
anunciada y resumida, que enlaza
todo tiempo abriendo las heridas,
cercenando las hojas de los árboles,
las vidas de los hombres, rompiendo
sus cadenas, transportándolos
a otra realidad sin límites.

XVII

RECUPERO tu canto,
la brújula del dolor o, del placer
y del júbilo, amigo Nietzsche,
me asomo al tragaluz oscuro
de tu extrema canción.
El poder, la corrupción,
la malversación del mundo
nos asaltan, nos reclaman
y el silente agujero de la noche
nos sodomiza y enamora…
Las deidades luchan por vencer,
se neutralizan unas a otras
a través de las religiones o sectas,
como corrientes subterráneas
que intentan dominar al hombre.
Y el retorno al círculo eterno
de la vida y la muerte, espiral
infinita que nos contiene…

XVIII

ENCONTRARME con Nietzsche
personalmente, hubiera sido
una experiencia magnífica
y terrible… Aún así, en la distancia
insalvable que nos separa,
me da miedo a veces y,
sin embargo me hundo
en sus libros, navego por ellos
estremecida y, otras veces
extasiada… Hubiese podido
amarle quizás, quizás le ame
ahora sin saberlo y, no
me importan sus defectos,
porque cuando más desnudo
se queda, más me seduce
su gran atractivo fatal,
sus ansias de alcanzar
la inmortalidad secreta
del ser humano auténtico
o, del superhombre…

XIX

EN LA SOLEDAD de su recogimiento,
Nietzsche encontró a Zaratustra y,
la sabiduría de la naturaleza…
Las tormentas le abatieron
y, buscó refugio en las cuevas
mas profundas de los abismos…
En su completa oscuridad,
le habló la solitud de su alma
peregrina y, se encendieron
sus ojos como lámparas
ante sí mismo y, se vio
de nuevo joven y fuerte
para afrontar la vida y, todos
los caminos se abrieron ante él…
su voz como el trueno chocó
con las piedras, con los árboles,
con las fieras, como el rugido
de un león, hasta convertirse
en el trino de los pájaros, naciendo
en el desierto de si mismo
a la cegadora luz
de la iluminación…

XX

ANTES de convencer al mundo,
Nietzsche, tiene que convencer
a Zaratustra y para ello, traza
una cábala de jeroglíficos con todas
aquellas religiones o sectas antiguas,
creadas por los hombres para dominar
el mundo y, al espíritu maligno,
enemigo invisible, que justifica
la bondad de todas las creencias…
Éstos y otros cuentos, son los
cuentos del olvido y, del más allá
ignorado al que llamar cielo
o infierno, programados por el miedo
a la muerte, único final auténtico,
que quizás también hayan inventado
los hombres, porque tal vez
en el magnetismo del infinito
seamos múltiples e inmortales
en el eterno círculo
de las transmigraciones.

XXI

REFLEXIÓN, visión o,
iluminación… todo fluye
y refluye en la mente creadora
de Nietzsche y su Zaratustra
resucitado y, uno se hunde
y resucita también con ellos,
dejándose invadir por las dudas
más profundas del ser humano
a través de los siglos…
Hay un signo de inmortalidad
que abarca todo tiempo y,
todo libro escrito por infinitos
nombres…porque ¿Qué es
realmente cierto… bueno o malo,
cielo o infierno… Dios u hombre?
Ha muerto tanta gente
defendiendo religiones y mitos,
ideas y conceptos escritos
por los hombres y, que seguimos
ignorando si son ciertos…
Siempre en la eterna búsqueda
de esa verdad, que pueda
liberarnos de nosotros mismos…

XXII

NIETZSCHE siente la muerte
de cada día, le paralizan los hielos
del invierno, la decadencia del mundo,
pero del espíritu grandioso de Zaratustra
nace un nuevo sol, una nueva luna y,
un universo inasible, indescifrable
le arrastra disolviendo hielos
y nubes hasta convertirse
en terremoto, en huracán imparable,
cambiando la estructura de su ser,
convirtiendo a Zaratustra,
en la antorcha olímpica
del superhombre.

XXIII

NIETZSCHE tiene sed y bebe
del saber, a veces tan amargo y,
sigue bebiendo en las fuentes
que encuentra a su paso, entre
los hombres, emborrachándose
con ellos de vanidad, de placer,
de egocentrismo y orgullo,
representando con ellos
el Carnaval de la vida,
disfrazado de ángel
vengador… pero se da cuenta
de su debilidad y, tiembla
ante sí mismo, siente
miedo de sucumbir
en la tragicomedia de la vida,
de ser también, como todos
los hombres, sólo un actor
con un disfraz que le oprime o,
se le cae a veces, dejándolo
desnudo ante sí mismo…
Y, se pregunta…¿Quién soy,
Nietzsche, Zaratustra o, quizás
cualquier desconocido…?

XXIV

ENTONCES Nietzsche
siente dolor, le duele
profundamente su humanidad y,
se la quiere quitar, bañándose
en las aguas de todos los ríos
que le salen al paso, hasta
en los más sucios canales…
y se lava sin descanso, queriendo
desprenderse de sí mismo, hasta
estar limpio de humanidad…
Se ha cansado de ser y, huye
llevándose consigo…
Y encuentra a Zaratustra
en la montaña de su soledad
y, se refugia tras de él, aunque
no quiere ser eremita, ni santo,
ni virtuoso, ni sacerdote
de ninguna religión, ni siquiera
ser… Nietzsche.

XXV

NIETZSCHE sabe que un día
cualquiera, pueden asaltarle
por los caminos de una ciudad,
quizás de la más civilizada,
porque lo único que no soportan
los hombres, es que les recriminen
o, reprochen sus desmanes,
sus crímenes… por eso busca
refugio en Zaratustra… y, la locura
de su talento, protege a ambos
del mundo…y de ellos mismos.

XXVI

CUANDO Nietzsche dice,
que Dios ha muerto,
piensa en un Dios pequeño,
como él mismo… No puede
imaginar un Dios eterno
e infinito, un ser inmortal,
que siendo sólo espíritu
sea real, vivo, consciente
de si mismo y del mundo…
Nietzsche siente la soledad
de todos los hombres y, busca
en Zaratustra la inmortalidad
del Superhombre…

XXVII

POR ESO, Nietzsche acaba
convirtiéndose en Zaratustra, o
en arena de los desiertos lindantes
que todos llevamos en el corazón,
punto ciego en el espacio
que nos circunda, para que le
encontremos nosotros también
y reconozcamos en Zaratustra
nuestra propia imagen, infinitamente
repetida, negada, vilipendiada,
agredida, amada, elogiada, sacrificada
y, a fin de cuentas, olvidada
a través de los tiempos,
como otro ser cualquiera
en el que coincidan las mismas
circunstancias… haber nacido
en este mundo y, ser capaz,
pese a las muchas vicisitudes
que encierra… de amar la vida.

XXVIII

Y SIGO a Nietzsche o,
a Zaratustra, no lo sé muy bien.
Vuelo con ellos, renazco,
me encuentro o me pierdo
a la vez, en su grandioso círculo
absorbente, como amapola
enamorada de los trigales,
y los sigo, no sé hacia donde,
porque ni el cielo, ni el infierno
creado por los hombres
me importa ya… tan sólo
el colosal encuentro del hombre
consigo mismo y,
su libertad sin límite…

XXIX

A VECES me encuentro
en Zaratustra y, me pierdo en Nietzsche,
pero en realidad me doy cuenta
que a través de ellos,
estoy tratando en vano,
de encontrarme a mi misma…
Me rodean las palabras,
todas las palabras que he leído
en montones de libros, tantos
que sería imposible enumerarlos.
Unos me hicieron crecer y, otros
me hundieron en el abismo
de lo desconocido… Y siempre
seguiré buscando e inventado
esa añorada libertad, ante
creencias y mitos cuya existencia
real ignoraremos siempre… porque
¿fue real Zaratustra, lo fue Nietzsche,
lo somos nosotros… o es quizás,
la verdadera presencia sólo un mito
no alcanzado aún por nadie…?
¿Existe el superhombre y,
la piedra filosofal…?

XXX

PUEDE SER la ceguera
quizás el límite,
ese límite impuesto a veces,
por profetas antiguos
o, modernos, que nos impiden
ver la verdadera luz,
capaz de disipar
la sombra del ancestro
y, de todas aquellas religiones
que han dirigido o, errado
nuestros pasos por el mundo…
A ti, Zaratustra, te lo pregunto
hoy… Nietzsche fue más allá
de un mañana preñado
de inquietudes e,
incapaz de encontrar
una respuesta que justifique
la realidad de ser humano,
encerrado y abandonado
a la verdad absoluta
de si mismo.

XXXI

ZARATRUSTA ha contemplado
el poder y la riqueza, su fría
y monumental belleza,
su atractivo irresistible… y
ha huido, asustado de su
arrolladora atracción…
¿Cómo resistirse, aún
sabiendo que no podrá
llevársela, ni sobornar
a la muerte con ella…?Y vé,
a través de los que la poseen
tan sólo sepulcros, máscaras
pétreas, que ocultan
la corrupción, el engaño,
la estafa y la fraudulenta
condición de los que
la ostentan…

XXXII

ZARATRUSTA canta cuando
le duele el corazón de amar,
siente el amor como una catarata,
despeñarse por los acantilados
de la ignorancia, de la indiferencia
y lo derrama por valles y, vaguadas
de sequedad y de hambre…hambre
de ser comprendido y
correspondido por las gentes…
Nos canta a través de Nietzsche,
para que al escuchar su voz,
le sintamos en cada uno
de nosotros…

XXXIII

EN BUSCA de un amigo,
Zaratustra encuentra su propio
corazón solitario en Nietzsche,
incomprendido, negado tantas
veces por él mismo, golpeado
en lo más profundo de su ser
y siente el calor y, el color
de su propia sangre recorriéndole,
tan loca, tan ajena a su dolor…
y empieza a ajustar sus pasos
por el mundo a los latidos
de su corazón…

XXXIV

EN SU AISLAMIENTO
Zaratustra, siente la sabiduría
de los elementos más puros…
y también la avalancha
de las palabras de Nietzsche
que le arrastran a las cuevas
más oscuras de si mismo…
Un nuevo mundo le sodomiza
y atrae viéndose de nuevo joven
y fuerte para afrontar la vida
los caminos se abren de nuevo
ante él, sacudiendo su alma
como una tormenta en el desierto
de si mismo, como el rayo
iluminando su resurrección…

XXXV

ZARATUSTRA SIENTE que le estalla
el corazón, que las palabras
contenidas en el silencio
se le desbordan, abriendo
el canal de su garganta y, grita,
aullando como el lobo,
como el marinero en plena
tempestad, borracho de miedo
y de bravura, dejándose arrastrar
por la avalancha que le empuja
hacia las gentes, para compartir
su tesoro con los demás…
la sabiduría que le está naciendo
del corazón, para invadir
y fecundar la tierra…

XXXVI

¿SE ENCONTRARON realmente,
Nietzsche y Zaratustra…o fue
una alucinación, un sueño,
estando tan lejanos como nosotros,
unidos sólo en alma y pensamiento…?
Nosotros recorremos sus palabras
que calan como la lluvia,
latiéndonos, acercándonos
a la similitud, tan evidente
de los tiempos que discurren
ahora, tan semejantes a los que ellos
vivieron, tan iguales, tan en círculo,
por los mismos derroteros del
hombre, viejo siempre, que presume
sólo de ser joven y nuevo… Así,
pasado, presente y futuro
se funden en el mismo círculo
concéntrico… porque los hombres
no cambian, ni sus errores,
repetitivos, ni su miedo
de siglos a reconocerse
en el espejo de ellos mismos.

XXXVII

POR ESO, a veces
se dividen Nietzsche y Zaratustra,
no coinciden, gritan, se pelean
y las palabras chocan, se repelen,
se dislocan… y me siento impelida
o, arrastrada por ellas en dos
direcciones, hacia abajo
o hacia arriba… como siempre,
la bondad o la maldad,
cielo o infierno en constante
guerra, consubstancial…
la vida o la muerte.
Y en donde una termina,
la otra vuelve a comenzar…

XXXVIII

ZARATUSTRA, también ha visto
morir a sus amigos más queridos,
a mujeres que le amaron y con ellos
fue enterrando su juventud,
sus anhelos, sus ambiciones,
su egoísmo, sus deseos de ser
amado por las gentes… Zaratustra,
recoge las cenizas, aún calientes
de todos los recuerdos de Nietzsche,
sus decrepitudes, los falsos valores
externos, sepulcros de la verdad
de su alma y ríe después… se ríe
de los necios, de los que se aferran
al miedo de morir, porque sabe
que solamente los que han muerto
para el mundo, pueden resucitar…

XXXIX

Y, ESTANDO Zaratustra
en el monte de sí mismo,
vislumbró la aurora,
esa aurora única,
naciendo siempre
dentro de nosotros…
Y empezó a caminar, sabiendo
que todos los senderos del mundo
le conducirían a la misma aurora,
siempre naciendo…

SEGUNDA PARTE

sobre Walt Whitman

XL

VENÍS de tiempos
inmemoriales cantando,
trazando soledades, cataratas
de palabras, de signos ancestrales,
de enigmas, mostrando
las pancartas del olvido, la sombra
milenaria de los dioses antiguos
o modernos, las degeneraciones
consecuentes, los lentos desperdicios
que marcaron ciudades con guerras,
genocidios, donde generaciones
perecieron… Y, pese a todos vuestros
demoledores proyectos… volvió
a crecer la hierba y la flor de nuevo,
el trigo, el árbol y, el pastizal
eterno de la vida, como puro elemento
consubstancial de las cosas
que suceden más allá de los dioses,
y de las vanas palabras que han dicho
y, han escrito los hombres…

XLI

LOS SUNAMIS, las tormentas
afloran en vuestras palabras,
alcanzan montañas, crean ríos
desbordantes, unifican terrenos
inaccesibles provocando
la gran explosión, quizás
el Bing, Bang de un nuevo mundo.
Pero no llegaremos a conocer
cual hubiese sido realmente
el mundo del superhombre,
que no alcanzasteis… ese hombre
vigoroso y auténtico, sin cárceles,
ni dioses que marcaran el ritmo,
sin limitaciones, sin muletas…
quizás mujer y hombre,
andrógino tallado en sí mismo
e inmortal…

XLII

Y, HABLANDO de la influencia,
a veces letal, de los libros…
La reconozco como una droga,
que impuesta, puede conducir
y arrebatar a las gentes,
obligándoles a despeñarse y, a
sacrificar su vida sin saber,
si son ciertos sus dogmas, sólo
porque fueron elevados a la categoría
de sagrados…Y, a los que no se someten
a ellos, les llaman gentiles, herejes,
infieles, ateos… Por eso Nietzsche
se esconde tras de Zaratustra,
para rugir como el león, para volar
como el águila y, para reír al final
como un niño no contaminado
todavía por religiones, ni fantasmales
mitos que le puedan anular…
Tiene sólo la vida, la única
MAESTRA y, la MUERTE
como único final insoslayable…

XLIII

¿QUÉ HABRÁ SIDO, realmente
la muerte para Nietzsche…?
Si es que la muerte existe,
porque él sigue todavía vivo,
sus palabras transcienden
el vacío, llenándolo de imágenes,
de presencias, de mitos…
Lo vemos joven, naciendo
de sus libros o, longevo
con la sabiduría oculta
de Zaratustra, conociendo
todos los tinglados
de los hombres actuales,
iguales a los del pasado,
sin bajar el listón altanero
de los machos del rebaño…
Y ésta es en la única piedra
en que tropiezo siempre…
capaz de ahogar al superhombre
que puede haber existido
alguna vez, en ellos…

XLIV

ES DIIFICIL andar a vuestro lado
y, no sentir el deseo de huir,
de haceros callar o, de cantaros
una canción diferente con otro
ritmo o, al contrario, de seguiros
soltando al viento toda norma
terrena y volar al fin, sin más
leve cadena que el aire, sin
ideas preconcebidas, ni dioses
venideros que esclavicen …
Así, como vosotros, Zaratustra
o Nietzsche, lideres de la
libertad sin cortapisas.

XLV

Y HE aquí, que el fin
y el principio se entrelazan,
y no sabemos cuando empieza
o, termina el círculo…El enigma
de Nietzsche o Zaratustra, lanza
el signo de la inmortalidad
al viento, al mar, a las montañas,
a la carcajada de las grandes
cataratas, al lamento de todos
los versificadores y de los salmos,
donde nada comienza, ni termina.
Si hubo un comienzo o, un final,
nunca será posible averiguarlo,
porque donde se acaban
las palabras y las voces
humanas, continúa la
magia de las ondas más allá
de los dioses y, las fábulas
que inventaron los hombres…

XLVI

MIEDO, CAOS, regeneración,
ahí están, frente al hombre…
se llame Nietzsche, Zaratustra,
Walt Whitman o, que sé yo…
Un ser humano pensante
e inteligente, capacitado
para expresar, por medio
de la palabra y de la voz
sus vivencias y emociones,
cada cual diferentes,
cada vida un camino,
cada ser una historia,
un devenir cambiante
y, concéntrico, uniendo
vida y muerte y, un horizonte
único y desconocido…
sea llamado Dios, Alá,
el Tao… o simplemente
el Sí mismo en la inmortalidad
que nos transciende…

XLVII

QUIZÁS Zaratustra sea
solamente la locura de Nietzsche,
la profunda y enraizada locura
de la razón, de la mentida
máscara que esconde la verdadera
realidad del hombre y, de su
propio mundo… El canto del
pájaro, el aullido del lobo,
el rugido del león, incluso
el rebuzno del asno, encierra
más verdad que todas las
palabras cantadas, gritadas
o escritas por los hombres
ignorantes, o sabios como
Nietzsche, Zaratustra, Walt
Whitman… El tañido del
bronce de una vieja campana
desgranando las horas,
quizás nos clarifique
el misterio de dioses
y de hombres, oculto
en la maraña de los tiempos,
la piedra filosofal, que quizás,
no ha encontrado aún nadie…

XLVIII

¿A DÓNDE huir entonces?
¿A quién pedir refugio, socorro
en esta selva negra, donde
se perdió Nietzsche, para encontrar
a Zaratustra y hacerle cómplice
de sus elucubraciones, para
la proyección del superhombre…?
Pues… ¿En dónde buscar
el primigenio grito que cambie
la costumbre de morir, sin asidero
alguno para esta humanidad
y, su decadente designio…?
¿En las estrellas quizás, o
en la multiplicidad del cosmos
y, su repetición escatológica
por los errores cometidos…?
¡Ah¡ Zaratustra o Nietzsche,
vayamos tras de Walt Whitman,
quizás podamos con él, en otro
orden distinto cambiar de nombre,
tal vez en otra tierra
del universo múltiple…

XLIX

¿Y QUÉ RELACIÓN puede haber
entre Nietzsche y, Whitman…?
Vivieron semejantes acontecimientos,
difíciles, separados por el tiempo
o la distancia, sus razonamientos
tan dispares, no hubieran llegado
quizás, a coincidir nunca…
Por eso he tratado de reunirlos
en éste libro… Dos superhombres
juntos y, admirados por una mujer,
una mujercilla, como diría Nietzsche,
apenas nada, que los emplaza
para que se den la mano… La aurora
y el ocaso del superhombre,
porque, ¿dónde se podría encontrar
hoy, ni siquiera la sombra
de alguno de ellos…?

L

PUEDO SENTIR, cuando
navego en el cúmulo imparable
de las palabras de Nietzsche,
la arrolladora tormenta
que sacude su alma,
gritándome, ensordeciéndome,
hasta reducir a la nada
los conceptos, las ideas,
las esperanzas en el mundo
de los hombres o, del superhombre
que ensalza y busca en sí mismo,
inútilmente… El ángel de la
muerte le persigue, le alcanza y
se encuentra perdido en medio
de la noche, indefenso como
un niño… Entonces llega Walt
Whitman con la voz profunda
de las montañas, de los ríos,
de las cataratas del Niágara
cantándonos a cada uno
de nosotros y a sí mismo,
su canto a la humanidad…

LI

ENCONTRÓ realmente Nietzsche
a Zaratustra o, simplemente
le quiso colgar sobre la espalda
sus propias inquietudes,
sus errores, sus lacras y,
en un rincón de la selva
cegó los ojos de Zaratustra y,
enmudeció su lengua, porque
muerto Dios, según él
también debía de morir Zaratustra,
para así condenarlo a vomitar
las palabras de Nietzsche,
salvándose de sí mismo…
Pero quizás, Walt Whitman
captase el pensamiento, errático
de Zaratustra y le prestase
la grandeza de su voz,
cantándonos a cada uno
de nosotros y a toda la humanidad
su CANTO A MI MISMO…

LII

HA OLVIDADO Zaratustra
su origen, su nacimiento no le trae
recuerdos entrañables ni caricias,
siente el profundo dolor
de no pertenecer a nadie y
de que nadie le pertenezca,
se siente huérfano de humanidad,
sólo los árboles le dan
la medida de su grandeza…
acaricia con sus manos vacías
la hierba, las florecillas silvestres
que trepan por sus pies… y encuentra
al fin la tierra, la madre autentica
ante él, eterna y florida como
la novia que no tuvo…
Zaratustra se acuesta sobre ella
y la compenetra, siendo poseído
hasta el límite de su ser… y
vuelve a nacer otra vez y, otra
y otra, hasta nacer en
toda la humanidad… y al fin
encuentra al SUPERHOMBRE…
pero no es un fuerte coloso
deslumbrante… es solamente
un ser humano auténtico,
quizás Walt Whitman, un poeta
que le canta a la vida y le tiende
la mano, levantádole del suelo,
redescubriendo dentro de si mismo
al super humano también,
olvidándose de Nietzsche…

LIII

HE AQUÍ el reto de dos espadas,
la de Nietzsche y la de Whitman…
dos grandes colosos de las letras
batiéndose en constante duelo,
la luz y la sombra, de forma
que la una no podría existir
sin la otra… Por eso son tan
importantes para mí éstos dos
super poetas y Zaratustra,
el mediador perfecto,
el árbitro celeste y magnánimo,
que no sabe a cual de los dos
dar la victoria, que vacila
entre Nietzsche y Whitman,
con el péndulo de su consciencia
de siglos, cuando se inclina
hacia el uno o, hacia el otro
siendo el equilibrio exacto
de ellos mismos…

LIV

WALT WHITMAN también
conoce las montañas más altas,
los océanos, las cuevas más oscuras
de si mismo como Nietszche, pero
Walt lleva siempre la lámpara
encendida de su sonrisa y el aire puro
de los bosques y, el rumor de las cataratas
del Niágara le acompañan también…
Trae la orquesta sonora de los pájaros,
de la selva del Amazonas en su mochila.
Sus zapatos dejan las huellas
de todos los aborígenes de América y,
de todos los países que fueron después…
Walt Whitman renace dada día
en toda la humanidad…

LV

NIETZSCHE y Whitman,
dos poetas inmortales,
porque sus voces serán oídas
por generaciones y generaciones
de hombres, que tuvieron sed
y no encontraron agua, que tuvieron
hambre y no encontraron
el alimento necesario, para crecer
y sobrevivir, los que fueron empujados
al abismo de la ignorancia,
la desigualdad y la injusticia humanas…
Nietzsche y Whitman nos certifican
que el superhombre y, quizás
también el superhumano, pisaron
la tierra alguna vez… y fueron
asesinados, mentidos y manipulados,
para que el pequeño hombrecillo,
miserable pudiese gobernar
el mundo, encarcelando su libertad
sin límites, la que ofrece,
por igual a todos la auténtica
humanidad del hombre…

LVI
ASUMIENDO y resumiendo, os digo
que éstos dos grandes poetas,
Nietzsche y Whitman, éstos dos
universos cíclicos de la vida
y la muerte, en los que navegantes
eternos han vencido a veces y,
otras sucumbido, estamos todos…
Nietzsche, o Whitman, da lo mismo,
dos grandes hombres, poetas
aguerridos, que inundaron
con sus palabras y aliento
cósmico y profético las Letras,
como lo hicieron otros sabios o
profetas, que se arrogaron el espíritu
de la humanidad o de Dios, Alá o el Tao,
en exclusiva, pero creo que también
Hermes, Zaratustra, Homero, Platón,
Sócrates, Pitágoras y otros hombres,
eruditos o, sabios como Nietzsche y
Whitman, han sido argonautas
del infinito, porque cantaron
con el alma y el corazón como
cantan los pájaros y, son también
la gran respuesta del espíritu común
a toda la humanidad, o de ese Dios
único que nos ha hablado, a través
de los tiempos, en todos aquellos
que vivieron tratando de alcanzar
con sus palabras la verdadera identidad
del hombre y, en su transmutación,
la alquimia sagrada de la materia…

LVII

Y ESTAIS AHÍ, no es preciso
ir más lejos para encontraros,
Nietzsche o, Zaratustra, Walt Whitman
y también todos los grandes poetas
de la luz y el milagro de la vida,
y de la resurrección… porque
¿Existe acaso la muerte…?
Yo, pequeña e insignificante mujer,
os digo que no, que no existe
más muerte que la fabricada
por los hombres, en la ignorancia
de que la vida se transforma
solamente , que la vida es
múltiple y eterna, e infinitos
los caminos de su inmortalidad.
Zaratustra, Nietzsche,Whitman
lo confirman y certifican…
y no son santos, ni profetas,
son hombres, o superhombres
o, simplemente poetas nada más.
Y Dios, Alá o el Tao, quizás
su sólo y desconocido ARTÍFICE.

LVIII

HE NAVEGADO entre dos mares,
por donde nace el sol, por donde el sol
se pone, entre Walt Whitman y Nietzsche,
según León Felipe, hay sólo unas leguas
de distancia, sólo un tiempo
arbitrario, separándoles, pero
en mí están hermanados, como
en el corazón de la tierra
que los dio a luz, hombres
o superhombres o, qué sé yo…
sólo que fueron poetas excelsos,
grandes filósofos, sublimes talentos
o, argonautas de ésta humanidad
nuestra siempre en el exilio…
Ellos nos despiertan para
que no perdamos nunca
la antorcha olímpica
de la inmortalidad…
y alumbremos con ella
el universo…

LIX

AQUÍ ESTOY entre vosotros,
Nietzsche, Walt Whitman,
dos precursores de la verdad o,
de la no verdad… Toda la vida
busqué hallarme aquí, en ésta
peligrosa encrucijada,
en éste cerrado círculo
en donde la verdad y la mentira
se confunden, porque en donde
la una termina, comienza
su oponente, de tal forma causal,
que según parece, nunca quizás
se pueda asegurar cual de las dos
es cierta…¿Como salvar
la distancia que las separa,
sí mientras más me acerco
a ellas, se vuelven semejantes…?
Perdiéndome, con vosotros
en la selva impenetrable
de un paradigma…

LX

EN TODO el espacio
de mi tiempo no encontré
voces tan claras, tan directas
sin distinciones de rangos,
ni diferencias de religiosidad
como las vuestras… Si hay un Dios
ha de escucharos también.
Un Dios para todos los seres
que pueblan la tierra,
quizás un Super- espíritu
no inventado, ni deformado
aún por los hombres, en donde
la natural belleza o fealdad
de la vida reine y, sea su
verdad el devenir que nos
sucede en su continuidad eterna,
en la esencia del LOGOS…
Quizás la piedra filosofal.

LXI

CONOCEROS, quizás,
me ha ayudado a crecer y, a comprender.
Vuestro legado, trascendente y humano,
está impreso y conformado en la esencia
de vuestro propio conocimiento,
de vuestra auténtica identidad…
Me sumerjo en la profundidad
de vuestros pensamientos,
investigo en vosotros la belleza
o fealdad del saber, de ese
complejo saber que en cada
uno cambia y, nos transporta
de diferentes formas, disfrazadas
de inmortalidad, siendo etéreas,
falsas o ciertas, sólo distintas
caras de la única conocida
o, subjetiva realidad…

LXII

ENTONCES el haber dado
vueltas y, más vueltas,
nos lleva al mismo punto
de encuentro… al pozo
sin fondo del espíritu.
Y digo pozo, por si no
encontramos alas que nos
eleven sobre nosotros…
Porque el sí mismo,
egocéntrico creyéndose
superior a otros, se disfraza
de egoísmo y confunde
la deidad con la frágil
soberbia del mendigo…
Qué es lo que realmente
somos todos, o tal vez
héroes de una cruzada
colosal, como Nietzsche,
Zaratustra o, Walt Whitman,
que quizás lleve, sin darse
cuenta, la piedra filosofal
en uno de sus bolsillos…

LXIII

ME ELEVO para caer
en lo más profundo de mi misma,
me aferro a vuestras voces,
carismáticas, imprevisibles,
que me arrastran y,
me convocan a seguiros,
sin saber hacia donde… Veo
el reflejo de millares de seres
que alzaran definitivos
vuestros nombres, o los
enterraran para siempre
en los libros que escribisteis…
Pero en algún lugar quizás,
serán vuestras palabras
levadura que fermente,
estallando en el hombre
la verdadera liberación,
sobe el cadáver acrisolado
de este mundo y de sus dioses.

LXIV

ME PIERDO en mi misma
y os encuentro a vosotros
que os creísteis superhombres
alguna vez… Ya veis, una mujer
os emplaza y espera de vosotros
una contestación a mi ansia
de saber… os he seguido
y amado, mi corazón
abierto a la catarsis creadora
de vuestras voces, pero aún
emborrachándome con todas
vuestras palabras, me siento
incapaz de dar a luz esa verdad
que busco desde que nací,
oculta en los abismos
del saber, porque siempre
tropiezo con la sutil
y persistente arrogancia
de los hombres en eterna lucha
y, en su creerse dioses
una y, otra vez…

LXV

QUIZÁS VENENO, o agua
contaminada, aire estancado,
profundas alcantarillas, rascacielos
sobre el hambre y la injusticia…
¿En qué mundo consciente
o inconscientemente vivimos?
¿Dónde encontrar ribazos alegres
y, aleros tranquilos al alcance
de los flores y de los pájaros,
sembrados de trigo rubio
y sonrisa de amapolas, dónde…?
Miseria, corrupción, política
insidiosa… Todo reviene,
retorna, se desborda la tragedia
y su tormenta de fuego
o de ceniza. Así, hoy
como ayer, como siempre,
siempre la rueda inapelable
del círculo, del eterno retorno
de la vida y la muerte…
la eternidad sin límite… Acaso
no nos quede más que la poesía
solamente, de Nietzsche
de Walt Whitman o, de otros
poetas como mi amigo Albi,
y aquí, la mía…

LXVI

¿Y QUÉ, si soy también poeta?
Ya dicha la palabra, desbordada,
sólo queda la propia pesadumbre
de un nombre, ya sea el de Nietzsche
o el de Whitman, que me han acompañado,
recreando en sus versos esa imagen
huidiza, sibilina, desconfiada
que reflejan los de Nietzsche
y, que liberan los de Whitman…
Entre los dos hay, según León felipe,
unas leguas tan sólo de distancia,
un claro oscuro que rememora
a cada uno, como a dos grandes
ríos caudalosos en los que he
navegado feliz o, dolorida,
hundiéndome entre ambos,
pero pese a los vientos
que por una u, otra corriente
me arrastraron, he sobrevivido
como poeta quizás,
y… estoy a salvo.

LXVII

YA VEIS que una mujer, una más
como todas, a pesar de los
límites impuestos a veces
inhumanos, ha sido capaz
de amaros, de soportar vuestra
carga en el vientre, los brazos
y, en el corazón, cansado
de vigilias y de partos… Ya veis,
que una mujercilla, como diría
Nietzsche, puede cantaros
pese a tantos sufrimientos,
vejaciones y muertes injustificables
en todos los tiempos, que no pretende
ser supermujer, porque le basta
quizás, haber llevado en sus
entrañas el germen de la vida,
sólo la vida a punto de nacer
como la tierra, en donde la semilla
pudo un día florecer…

LXVIII

A PESAR de mi edad
y de la distancia recorrida,
sigo dejando que el devenir
me alcance, saboreo los diversos
pensares, diversificando mi precaria
realidad, confinada, exacerbada,
para cantar con vosotros,
para corear con apenas voz,
las vuestras… No sé más
que seguiros, sin afirmar
ni negar nada, porque todos
estamos, poetas o no,
comprometidos en la mies
sembrada, siglo tras siglo,
tratando de alcanzar
la verdad, el origen de la vida,
la piedra filosofal…

LXIX

ESTAMOS o, no estamos.
Vana ilusión querer asir el aire,
el que dejamos al morir
tan nuestro como el que
respiramos, día a día…Vosotros,
ellos, nosotros, incluso yo,
una pobre mujer tan insignificante,
cuento también… el tordo,
el estornino y, el ave más pequeña.
Podéis dudarlo si queréis y,
seguir inflados de gases
inferiores, engordando vuestros
egos, insatisfechos siempre,
panzudos de vanidad,
incluso en vuestras heces…
Pero…¿qué cuesta imaginar,
si hemos creído alguna vez
en nuestra muerte,
que no existimos en realidad…?
Y, es por eso que cualquier
mortal puede ser infinito,
por esa ley universal
donde el 3, 14, 16,
afirma y certifica
la eternidad del círculo…

LXX

¿QUÉ SOIS vosotros?
¿Qué soy yo? Realidades
y sueños nos conducen
por caminos opuestos, delimitados
por las silentes dudas. Escalones
por donde sube o baja la conciencia
del ser humano, solamente humano,
limitado también… Tal vez un pájaro,
un corzo o león, o una mariposa
podría resolvernos que seamos sólo
los humanos, el tropiezo más grave
de la evolución y, el que sigamos
entre la realidad y los sueños,
siempre naufragando,
sin saber que fue cierto,
ni que somos, si parte
de esta realidad o un sueño,
solamente imaginado….

LXXI

¿QUÉ VA A QUEDAR después?
He navegado a tientas por libros
y más libros y, sigo sin saber
que horizonte de niebla, tormenta
o de bonanza será el acontecer…
Ya no nos quedan puertas,
ni ventanas, ni palabras
que abran el horizonte
de par en par, donde alcanzar
la luz de esa verdad escondida,
vilipendiada, torturada
y manipulada que nos sedujo
en el ayer… sólo nos quedan
la sed y el hambre y, las falsas
monedas que inventamos
para comprar o, malvender
la tierra y sus más sagrados
tesoros, que no podrá nadie
poseer jamás…

LXXII

ME DEJO INVADIR
por el misterio, me rodean
vuestros pensamientos,
vuestras palabras me lanzan
sobre mares o piélagos, volcanes
o sueños… El círculo es más ancho,
más inmenso y, ruedo con vosotros
en el tiempo, tan semejante
al vuestro, tan el mismo
que me toca vivir…

LXXIII

QUIZÁS me lleve toda la vida
que me queda, llegar al fondo,
tocarlo, sentirlo bajo la planta
de los pies, tan profundamente
como lo sintió Nietzsche y hundirme
en él, para volver a trepar por la
montaña exhaustiva del si mismo,
sintiendo la libertad del corzo,
la del pájaro, respirando
su aliento infinito,
para arrojarme desde allí
sobre el mundo auténtico
de Walt Whitman, aún a riesgo
de estrellarme, sin más alas
que el latido del corazón…

LXXIV

ME ENCELAIS cuando
me chorrean en el alma
vuestras palabras,
me compenetran violando
mi soledad y me dejo avasallar.
Ya no me importa nada…
estoy embarazada de luz
ante la cruda desnudez
de vuestro mundo… y todo
lo que he escrito en este libro
os pertenece por entero…
como un parto glorioso,
un parto sin dolor
de sólo gozo, de haber
sido capaz de parir
estos versos, únicos hijos
que a luz puedo dar hoy…

LXXV

Y ENTONCES, cuando
he perdido los cuatro puntos
cardinales y la veleta gira,
locamente, en busca de la calma,
cuando al llegar la noche
sólo el canto de vuestras voces
me acompaña… busco a mi
amigo Walt, el de las estrellas
infinitas, con la luna nueva
quizás, a punto de emprender
el camino de siempre y, su canto
de las montañas, de los árboles
me vuelve al paso lento,
al latido balbuciente del reloj
que aún me pertenece y, encuentro
a tientas la pequeña luz
de mi interior en la tranquila
paz de mis cuatro paredes…

LXXVI

CIERRO vuestros libros… queda
detrás de ellos la regeneración,
quizás los siete sellos, la rueda
del tiempo girando sin parar,
programando la realidad eterna
del hombre… o. de Penélope, tejiendo
y destejiendo con la esperanza
de parar el tiempo o, siguiendo
ese hilo inasible de Arianna
o, de la araña en su continuidad
sin término… persiguiendo
la inmortalidad…

LXXVII

Y HE AQUÍ el crisol
de la humana criatura
en medio de los mares,
de las montañas… El círculo
del fuego rodando hacia
el abismo de los rascacielos,
atrapada en la selva de si misma,
desangrándose, desgañitándose,
perdida en su propia ignorancia
de siglos y siglos… porque
mientras más se cree que sabe
y, más sapiencia se arroga, más
aumenta la frágil inconsistencia
de sus mitos, creencias o religiones…

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